
Nuestro pasado, presente y futuro

Villagarcía, nuestra segunda casa
Nuestra historia nace de la resiliencia y de la convicción de que rendirse nunca fue una opción. Aquel verano solo tenía un final posible: terminar un coche capaz de llevarnos hasta Montmeló. Y lo logramos gracias a la hospitalidad de Villagarcía de Campos, donde nos acogieron como si fuéramos de la familia. Allí, con apenas unas pocas herramientas, una nave agraria y todo nuestro ingenio, conseguimos dar forma al coche que llevaba años gestándose y diseñándose. De aquel esfuerzo colectivo, de aquella mezcla de necesidad, ilusión y creatividad, nació el VRT24.
De aquellos barros estos lodos
Aunque nuestro trabajo fue humilde y en muchos aspectos rudimentario, terminó dando sus frutos: construimos un vehículo capaz de salir a pista y demostrar que el esfuerzo, incluso con recursos limitados, puede convertirse en resultados reales. Aquel verano no solo nos enseñó los fundamentos de cómo se construye un coche desde cero; nos enseñó algo mucho más profundo. Aprendimos el valor del compañerismo cuando las jornadas se hacían interminables, la importancia de la amistad que sostiene cuando la fatiga aparece, y la necesidad del trabajo duro sostenido día tras día. Pero, sobre todo, aprendimos de nuestros errores, de cada pequeño y gran fallo que nos obligó a replantear ideas, mejorar procesos y entender realmente cómo debe construirse un vehículo de competición. Cada soldadura imperfecta, cada ajuste que no encajaba a la primera, cada revisión inesperada se convirtió en una lección que marcó nuestro crecimiento como equipo. Ese periodo, con todas sus dificultades y descubrimientos, no solo nos dio un coche; nos dio una forma de trabajar y una identidad como grupo.


Nuestro viaje continua
En Tordesillas el proyecto dio un paso definitivo hacia su consolidación con el VRT25, nuestro segundo monoplaza, que supuso un salto técnico notable respecto a su predecesor. Gran parte de los errores cometidos con el primer vehículo quedaron atrás, fruto del aprendizaje acumulado y de una planificación más madura. Aun así, como en todo desarrollo real, surgieron nuevos desafíos que afrontamos con paciencia, método y una voluntad constante de mejora. Cada problema detectado se convirtió en una oportunidad para perfeccionar el diseño, refinar procesos y reforzar la cohesión del equipo. Gracias a ese trabajo sostenido, volvimos una vez más al imponente Circuit de Barcelona‑Catalunya, dispuestos a defender con determinación todo el esfuerzo, las horas de dedicación y el compromiso invertido durante el año. El VRT25 no solo representó un coche mejor; representó la madurez creciente de un proyecto que sigue avanzando con paso firme.
Nuestro futuro
Con el proyecto ya consolidado y una forma de trabajo madura y bien asentada, solo nos queda mirar hacia delante: hacia el VRT26. Nuestro ritmo no se detiene y nosotros tampoco. Seguimos al pie del cañón, impulsados por la ambición de superarnos temporada tras temporada y por la determinación de convertir a nuestro equipo en un verdadero referente dentro de la Formula Student. Cada avance, cada aprendizaje y cada reto superado nos acerca un poco más a ese objetivo, y afrontamos el futuro con la misma pasión y compromiso que nos han traído hasta aquí.


